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Posibilidades desde la imagen. Entrevista a Ricardo Miguel Hernández

  • Foto del escritor: ESTO ES UNA CASA
    ESTO ES UNA CASA
  • 13 oct 2025
  • 10 min de lectura

Actualizado: 20 oct 2025

Entrevista realizada por Fernanda Trejo y Yarene Nogueda



Hoy en día, la imagen alberga y construye nuevos lenguajes que se han explorado desde las prácticas artísticas contemporáneas. Estos nuevos lenguajes se traducen en otras formas de narrar, de mirar, de imaginar y de existir. El pensar en nuevas posibilidades tanto estéticas como conceptuales nos invita a explorar la imagen como un dispositivo de memoria que responde a lo íntimo, lo imaginativo y lo colectivo.


De esta manera y desde Cuba, el artista visual Ricardo Miguel Hernández expande y resignifica los límites y usos tradicionales del archivo tanto familiar como colectivo, a través del collage, la fotografía, el videoarte y la instalación. La memoria se convierte en un escenario de creación en el que permite la convivencia de múltiples voces y circunstancias. Asimismo, la manipulación de las imágenes conlleva el rescate de historias que en otras circunstancias, podrían llegar a perderse entre escombros y permite que estiremos la memoria como un acto colectivo de resistencia.


A través de una videollamada de WhatsApp —el único medio de comunicación posible en una isla que parece ser tan lejana al mundo exterior—, Ricardo nos habló sobre su cuerpo de obra, sus ideas y el contexto que enmarca su producción artística.

Esa conversación, sostenida bajo la posibilidad constante de que la conexión a Internet o la luz fallaran, se convirtió en un recordatorio de la importancia de escuchar y acompañar. En medio del aislamiento, estos diálogos entre distintas latitudes trazan puentes que sostienen la creación artística y nos invitan a pensar en nuevas formas de estar cerca, incluso en la distancia.


Más allá de lo lineal y lo terminado, Ricardo nos muestra sus trabajos como procesos que permanecen abiertos, con un pulso latente que invita a seguir descubriendo y explorando la obra de arte como una forma de investigación. Nos muestra la manera en la que habita su práctica desde la piel hasta el pensamiento, una unidad vital que empuja su cuerpo de trabajo para salir más allá de los límites de Cuba.


Ante situaciones precarias, es inevitable preguntarse cómo se puede ser artista cuando no hay materiales, los lugares de exhibición están saturados, los ingresos son muy bajos, el internet y la luz fallan y no existe un mercado del arte. Para Ricardo, la respuesta es sencilla: ya sea en Cuba o en cualquier parte del mundo, lxs artistas tienen que hacer arte con lo que puedan y tengan a la mano, sin importar si disponen o no de los recursos y materiales adecuados. En ese gesto, la acción de crear se vuelve un acto de resistencia que siembra valor e importancia en la práctica artística.


Esta reflexión fue lo que dio inicio a la conversación en torno a la creación artística de Ricardo. Nos permitimos navegar entre sus obras para explorar flujos conceptuales y procesos, movidas por sus experiencias y afectos. De esta manera, nuestro punto de partida resulta ser la imagen misma, la detonadora de años de trabajo y decenas de obras.




Marifer & Yarene: ¿Cómo surge tu interés por la imagen y, específicamente, por la creación, destrucción y reconfiguración de imágenes?


Ricardo: Todo empieza en el 2004 cuando tomé un curso de fotografía. La imagen era de vital importancia para mí, y me di cuenta cómo se podía manipular la imagen a nivel conceptual. Especialmente, en la obra “Viviendo con el enemigo” (2006), la cual surge cuando había una crisis grandísima de dengue en Cuba. Se fumigaba constantemente, todos los días, y si no se fumigaba te ponían una multa. Empecé a documentar las casas llenas de humo de mi edificio. La lógica decía que iba a documentar a un hombre con la bazuca, pero decidí desplazar el proceso. Esperé a que ese hombre terminara y fotografiaba todas las escenas llenas de humo. Entonces, tenía una especie de carácter relacionado con lo bélico, la guerra , el desastre.


En ese juego de la imagen, esa manipulación, es cuando empiezo a entender cuán interesante puede ser buscar otras posibles realidades, otras posibles formas de leer la fotografía. 


Viviendo con el enemigo, 2006
Viviendo con el enemigo, 2006

Con el tiempo, llegué a un estado más material, cuando empecé a trabajar con mis collages fotográficos en el 2018.  Yo creo que una obra importante dentro de mi trabajo es “Cuando el recuerdo se convierte en polvo” (2018-2025). Ahí empiezo a entender lo rico que es fragmentar distintas realidades y ponerlas en situación, ponerlas unas con otras a dialogar, para crear entonces nuevas formas de realidades. Y así es una manipulación de la imagen.



Cuando el recuerdo se convierte en polvo, 2018-2025
Cuando el recuerdo se convierte en polvo, 2018-2025


A partir de la manipulación de la imagen, Ricardo encontró maneras de derivar más allá de capturar la realidad y de proponer nuevas realidades que implican un rescate necesario: las historias y momentos detrás de las imágenes. Aquello que no pareciera importante, como una fotografía de una comida familiar, para Ricardo tiene la potencia de formular nuevos conceptos y formas de ver.


Marifer & Yarene: La fotografía históricamente ha tenido un estatus de “documento” u “objeto de veracidad”. ¿Cómo dialoga esta idea con tu obra, que apuesta muchas veces por la ficción o por una reconstrucción imaginaria? ¿Consideras que manipular el archivo es una forma de reescribir o liberar la historia?


Ricardo: Definitivamente sí. Yo pienso mucho en el género literario de la ucronía, la cual cuenta hechos de manera alternativa y desde otras perspectivas, y el hecho de construir nuevas ficciones se vuelven, quizá, en nuevas realidades. Y lo interesante resulta en pensar lo fácil que es la manipulación de la historia, primero a nivel oficial, y después también como a nivel personal. 


Cuando compro una foto, también pregunto qué pasó ahí, toda esa información que va acumulada y que yo las pongo en situación, ya sea junto con relatos oficiales o no. Busco de todo, hago de todo. Yo entiendo que al final toda esa información se puede perder, porque la gente lo desecha, lo bota. Se muere el abuelo, y el nieto dice que esto no le sirve para nada. Yo hago una especie de rescate arqueológico. Esto funciona como una performance a priori, donde yo me la paso todo el tiempo buscando en diferentes lugares. Me meto en las casas de las persona y reviso sus archivos familiares. A la gente le resulta un poco raro. 


Me interesa el sujeto del momento,  del aquí y ahora, el que nadie conoce; porque obligas al espectador a crear una nueva visión sobre lo que están viendo. Si tú pones a un personaje célebre de la historia, hay una cantidad de información ligada a ese personaje. Pero, cuando tú pones a alguien que no sabes quién es, entonces es como limpiar un poco el lienzo para obligar al espectador a nuevas formas de ver o entender al personaje en un collage. 



Marifer & Yarene: La imagen nos cuenta una historia, esa historia se convierte en recuerdo y memoria. Uno de los conceptos que trabajas es la “elasticidad de la memoria”, ¿cómo la definirías y de qué manera se relaciona con tu quehacer artístico?


Ricardo: La memoria no son grabaciones fijas, es algo que se comprime, se estira y se rellena de información ficticia, porque siempre hay una especie de huecos en un momento. No podemos ver la memoria como algo concreto, sino como algo moldeable, como algo que puede tener varias maneras de verse. A través de eso, yo también voy creando, sobre todo en los collages, de deconstruir algo y volver a armarlo desde otras maneras.

A mi me gusta mucho trabajar con fotografías de familias, estamos pensando en fotografías que fueron tomadas en un lugar determinado bajo un momento determinado, bajo una situación determinada. Yo lo que hago es tomar pedazos de esa situación y ponerlas entonces en contraste con otras. Voy creando otras maneras de deconstruir y construir después sobre eso. Entonces, la destrucción no se vuelve destrucción, sino se vuelve una especie de reciclaje para otras posibilidades estéticas.


Esto no es una historia de amor, 2018-2024
Esto no es una historia de amor, 2018-2024

El territorio que habitamos suele convertirse en lugares de creación e inspiración, cuya incidencia nos atraviesa en formas de reflexiones, pensamientos, quehaceres y prácticas. En el caso de Ricardo, Cuba se convierte en todo un ecosistema que establece las pautas sobre cómo se vive y experimenta el arte. 


Marifer & Yarene: Siendo tu país de origen y lugar de residencia, Cuba forma parte de tus procesos artísticos y resulta una constante palpable en lo que haces. ¿De qué manera crees que ha impactado o se ve reflejada la cultura cubana en tu trabajo?


Ricardo: Yo entendí desde hace mucho tiempo que una de las cosas más interesantes que puede tener el arte cubano es que los artistas tienen que hacer arte con lo que tengan, con lo que sea.


En Cuba, todos tienen un poco de todo, y ese es el toque propio del Caribe. Mis tatarabuelos eran de China y de Europa, y también había africanos. Y eso en Cuba le pasa a todo el mundo, lo que influye en la manera de pensar, de actuar, de concebir; y es maravilloso. Porque es una especie de caos, que tiene un cierto orden, lo cual es rico a nivel cultural porque tienen un montón de posibilidades de expresión. 


Cuba es un collage, el caribe en sí mismo es un collage, son pequeñas cositas dispersas que se unen y van armando personas que tienen de todo, viven de todo, diferentes formas de ser, y simplemente te diluyes en eso. 



Marifer & Yarene: ¿Cuáles son las mayores dificultades a las que te has enfrentado al vivir de tu trabajo artístico? ¿Lo complementas con otros roles como docencia, curaduría u otros proyectos?


Ricardo: No importa en qué lugar trabajes, el salario es muy bajo en Cuba. Yo soy asistente de dirección en la televisión, y lo que gano es tan pero tan poco que apenas da para comprar en el mercado tres lechugas y dos aguacates. Entonces uno vive del arte, pero tú no vendes todos los días. Hay que vivir aquí en Cuba para saber lo que se pasa, lo que se trabaja por tan solo haber nacido en este país.


Como artista, uno tiene que estar en constante movimiento, tiene que buscar la manera en que su producción salga a otros horizontes, que se vaya. Aquí en Cuba es muy difícil, sobre todo ahora, mucho más que antes. Un artista cubano con una buena producción podría vender el doble o el triple en otro país, pero como vive en Cuba, los precios tampoco pueden ser demasiado altos. Además, se tiene que pagar en cash y eso es algo que muchos coleccionistas no entienden, porque no existen sistemas de pago con tarjetas. 


Por lo general, yo ofrezco entrevistas escritas, utilizo las redes sociales para promocionar mi trabajo o mando mi portafolio.  Entonces, siempre hay alguien que ve algo tuyo y te propone para una exposición. Pero, incluso la movilidad también es algo muy difícil porque tenemos que estar pidiendo constantemente VISA o buscar la manera de pagar el ticket, el hospedaje y más cosas. Por lo que, la labor del artista es un conjunto de todo, eres artista, manager, secretario y muchísimas más cosas. 



Como menciona Ricardo, el trabajo de artista no se limita a la producción, sino que tiene varias directrices que se entrelazan con otros roles que complementan el quehacer artístico. Por ello, resulta importante profundizar en esas otras dimensiones, tareas y experiencias.


Marifer & Yarene: A lo largo de tu trayectoria como artista, has tenido numerosas exposiciones; pero también has trabajado como curador, por ejemplo, en proyectos como "Sala Discontinua" (2014) y "Come Together" (2023). ¿Qué te motivó a asumir ese rol y cómo dialoga tu práctica curatorial con tu práctica artística?


Ricardo: Mi experiencia como curador apenas está empezando, siempre ha sido una experiencia compartida y co-autoral. No soy sólo el curador, el trabajo de la curaduría es un trabajo realmente de posición y pensamiento compartido siempre con otras personas. Entonces las ideas siempre son ideas que salen a nivel grupal. 


En "Sala Discontinua" (2014), compramos cartas de esclavos de la época colonial; compramos todo lo que tuviera que ver con venta y flujo de dinero, desde empresas hasta tiendecitas pequeñas que te daban un recibo. También, compramos pasaportes españoles, que pasaron por La Habana para hablar de cuestiones de movilidad; fotografías y medallas de escuelas. El rango del archivo tendría entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX, y desde su propio estado físico hasta su contenido, nos hacían reflexionar sobre las dimensiones del tiempo, sobre cómo entender el pasado, para poder entender el presente y tratar de visualizar el futuro, sobre todo de Cuba. 


El trabajo curatorial se da porque la obra en sí misma se hace obra, se materializa como obra puesta en el espacio al desplegarse en la galería, con ciertas condiciones especiales. Decidimos apagar las luces para obligar a la gente a crear su campo de visión con lámparas o las linternas de sus celulares. Entonces, el trabajo curatorial era eso, el añadido de cómo desplegarlo y cómo ponerlo en relación una y la otra, qué objetos usamos como soportes (muebles, lámparas, sillas, un repisero, etc.).


Sala Discontinua, 2014
Sala Discontinua, 2014


"Come Together" (2023) fue un proyecto en conjunto con Yenny Hernández, crítica y curadora sin igual, con una capacidad increíble para llegar a la información correcta. Durante la pandemia, estuvimos investigando acerca de la práctica del collage en el arte cubano, contactamos con personas, y buscamos archivar, de alguna manera, esa cantidad de repositorio historiográfico. En el arte cubano se habla de pintura, música, escultura y más, pero del collage nadie habla. No hay tesis o algún tipo de información sobre el collage más allá de uno que otro artículo, incluyendo mi trabajo.


Entonces, en un estudio de arquitectura, hicimos la primera exposición de collage en más de 70 años, siendo que la última exposición sobre collage que se tiene registrada fue en la década de los 40. Para esa exposición nos ayudaron varias personas, como la embajada de Noruega, con lo cual pudimos sacar un catálogo donde está el registro fotográfico de la exposición. Tenemos un abanico de más de 200 artistas o casos de collage de diferentes artistas, y tuvimos que cerrarlo a una exposición que abarcara varias generaciones con apenas unos 12 o 15 artistas. Esto es tan sólo un paso dentro de lo que queremos hacer. 


Come Together, 2023
Come Together, 2023


La conversación con Ricardo pone en evidencia la necesidad de ampliar las miradas sobre el arte contemporáneo y reconocer las prácticas que se gestan desde territorios históricamente marginados del relato hegemónico, como el Caribe. 


Agradecemos a Ricardo por su generosidad al compartir sus ideas y procesos, y los invitamos a seguir explorando su trabajo en sus redes sociales. IG: @R.MIGUELON84





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